04-01-2004
Los seguidores de la doctrina de Jesús eran conocidos en los días posteriores a su muerte y resurrección como los de El Camino.
Fue más tarde, cuando esos creyentes mostraron una forma diferente de ser, de buscar el bien y apartarse de los vicios del mundo, que sus contemporáneos los distinguieron por su origen: les llamaron cristianos.
Con ese calificativo, daban a entender que el nuevo grupo fundaba su fe y conducta en las enseñanzas exactas del Mesías. Que aplicaban la nueva moral surgida de las enseñanzas del Maestro.
En nuestro tiempo, tan anónimo y masificado, nos conocen como maestros, como hombres de negocios, como estudiantes o amas de casa; como mexicanos o rusos.
Pero ahora como en el primer siglo, tenemos que granjearnos el nombre de cristianos. Esto es, que el mundo perciba que somos una estirpe diferente, que creemos y seguimos a Jesucristo.
Vaya, que no vale ser de la secreta. Que se nos note que somos cristianos.
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