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Autor Jorge Villegas
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06-01-2005
¿Sabe cuál es el mejor deseo nuestro para usted en el año nuevo?: Que Dios lo acompañe cada día, cada momento de su vida.
Esto es que cada día reboce de dicha y contento. Que no lo visiten ni el temor ni la vacilación frente a problemas y situaciones.
Pero tener a Dios de compañero cotidiano implica también responsabilidades: por reverencia a su código de ética, por compromiso moral con sus enseñanzas.
Con Dios al lado no vale dar kilos de 800 gramos, echar rondanas al parquímetro, sobornar tránsitos, burlar al fisco, dar gato por liebre, llevarse papel y clips de la oficina a la casa, emborracharse, andar de parrandero, poner en riesgo la vida de los demás por nuestra prisa o imprudencia al conducir un auto.
Dios nos quiere ciudadanos impecables del reino suyo pero también de la ciudad terrestre. Ciudadanos no solo pasivamente buenos, sino proactivos en la solución de la injusticia social, del hambre ajena, de la necesidad de un empleo para el prójimo.
Por eso nos pide ser la sal de la tierra y la luz del mundo. A usted no lo quiere ver como ratón de templo, oloroso a homilías y a ofrendas florales.
Lo quiere ver activo, sudoroso, luchando a brazo partido por el bienestar de los suyos y de su prójimo.
Que lo acompañe Dios en el 2005. Aunque le cueste. |