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08-02-2012 |
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Autor Pastor Josué Magdiel Dávila García
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13-01-2005
¿Quién es el que tiene temor por la noche? Aquél que no está seguro de su
porvenir. Pero quien tiene su confianza en el Dios todo Poderoso, en medio de su
angustia pregunta: ¿Dónde está Dios que me dá el consuelo y confianza?Y ninguno dice: ¿Dónde está Dios mi Hacedor, Que da cánticos en la noche…? Job.35:10
Después de que Job se justifica a sí mismo, Elihú lo reprende por su actitud frente a la prueba y ante la grandeza de Dios.
Elihú era un hombre muy sabio pero la sabiduría de Dios fue mucho mayor puesto que es el Dios omnisciente que ve luz en las nubes, y encuentra el orden en la confusión del hombre.
Elihú estaba confundido al ver la aflicción de Job y trató de encontrar su causa y muy sabiamente dio con una de las razones más cercanas a la situación de Job, pero a la luz de la sabiduría de Dios no fue del todo correcta en el caso específico de Job.
En su propio criterio, Elihú declara; A causa de la multitud de las violencias claman, Y se lamentan por el poderío de los grandes. Y ninguno dice: ¿Dónde está Dios mi Hacedor, Que da cánticos en la noche?
La causa principal de la angustia de los cristianos y por la cual se desciende hasta las profundidades de la desesperación es ésta, que mientras estamos mirando alrededor, a derecha e izquierda para ver como escapar de las angustias o aflicciones, olvidamos mirar hacia las alturas de donde vendrá nuestro socorro.
Muchos son los cristianos que en medio de la angustia buscan por todos los medios salir del apuro sin tomar en cuenta a Dios, su omnipotencia y omnisciencia. Y tratan de justificarse a ellos mismos como Job y es entonces cuando obligan a que otros den su opinión e incluso que Dios mismo le pregunte. ¿Dónde estabas tu cuando…?
No nos preguntemos ¿En dónde está Dios, mi hacedor, que da cánticos en la noche? Sino meditemos en esta importante aseveración: “Dios mi hacedor, que da cánticos en la noche”.
El mundo tiene su noche y el sol ilumina el día, y todos salimos a nuestras labores en donde hay fatiga y desgaste físico y mental, pero después llega la noche como un reposo y una bendición. Y es entonces cuando reposamos y recuperamos la fuerza y la energía para las labores del día siguiente.
La noche es una de las más grandes bendiciones que gozamos los seres humanos; tenemos muchas razones para agradecer al Señor, y la noche es una de ellas, mas para muchos la noche es un tiempo tétrico, de gran temor; para ellos es la pestilencia que anda en oscuridad, el temor nocturno y el temor a los asaltos y agresiones, sin olvidar el miedo a los espíritus chocarreros y demás fantasmas tan populares.
La noche es, pues, para muchos, ocasión de terror mas para los redimidos es momento de reposo, de comunión, de oración y de cánticos espirituales.
En las ciudades grandes como ésta es prácticamente imposible escuchar el canto de la noche. ¿Ha estado en la playa escuchando el rompimiento de las olas que no dicen otra cosa que la grandeza de su creador? O, estando en un lugar tranquilo y alejado del bullicio, ¿nunca ha escuchado el silencio y el espontáneo rompimiento del mismo por el canto de un grillo o una lechuza?
No necesitamos mucha poesía en nuestros espíritus para captar el cántico de la noche, y oír cómo todo lo creado alaba al Señor y poderoso Dios, quien sustenta el arco sin pilares del cielo y hace mover las estrellas por sus cursos.
Así pues, la noche es una bendición para la creación de Dios. También la raza humana tiene su noche, y son muchas las noches que tenemos, de todo tipo: noches de dolor, de angustia, de dudas, de aturdimiento y de ansiedad. Noches que apremian el espíritu y aterrorizan las almas. Pero, gracias a Dios, el cristiano puede decir: mi Dios me da cánticos en la noche.
¿Quién es el autor de esos cánticos? Dios. Él da cánticos en la noche.
Cualquier necio puede cantar por la noche; cuando se embriaga, el hombre saca inspiración del alcohol. O cuando se sacan la lotería o la rifa del Tec pueden soltar gritos de júbilo y todo tipo de canciones.
También es fácil cantar cuando podemos leer la letra o la nota a la luz del día o de una luminaria, pero, el buen cantante es aquel puede cantar cuando no hay ni un rayo de luz con la cual leer, sino que canta con el corazón y con el espíritu de donde las notas de gratitud se derraman en cánticos de alabanza.
Pero cuando las cosas no están tan bien, y la noche llega, el hombre no tiene la capacidad para cantar, no le es tan fácil cantar alabanzas al Señor. A menos que su confianza esté puesta en Él.
Habacuc 3 en su cántico nocturno dice: Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación.
En el Mar Rojo tal vez cualquiera hubiera podido componer un canto de alabanza como el de Moisés cuando éste cantó: Jehová se ha magnificado grandemente echando en el mar al caballo y al jinete, pero lo difícil hubiera sido componer un canto o cantar antes de que el mar Rojo fuera dividido y el pueblo de Dios pudiese pasar en seco escapando del ejército egipcio.
Entonces, ¿qué significa el texto cuando afirma que Dios da cánticos en la noche? Parece haber dos respuestas para esto. La primera es que en las experiencias oscuras del cristiano, Dios es su único consuelo y por lo tanto es digno de alabanza en todo momento.
Hay otro motivo para alabar a Dios en espíritu y en verdad en medio de la angustia: y este es que su amor y misericordia están con nosotros de continuo esperando a que nosotros acudamos con corazón contrito y humillado al único y sabio Dios todopoderoso.
En la más terrible oscuridad que nos circunda, ahí está la luz del Señor que nos ilumina y por medio de su Espíritu nos hace decir Abba Padre.
Él es el único que inspira cánticos en la noche para su alabanza.
¿De qué cantamos en las noches? Pues hay tres cosas de las que podemos cantar: cantamos del día que pasó, de la noche misma o de la mañana que vendrá.
Y cantamos: Señor Jesús, el día ya se fue, la noche llega, tú propicio se…Y podemos cantar del día y agradecerle las bendiciones recibidas, de los días anteriores en que su mano poderosa nos sostuvo y de su Santo Espíritu que nos guió durante los días pasados.
Como diría el salmista: Me acordaba de mis cánticos de noche; Meditaba en mi corazón, Y mi espíritu inquiría: ¿Desechará el Señor para siempre, Y no volverá más a sernos propicio? ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Se ha acabado perpetuamente su promesa? ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades? Dije: Enfermedad mía es esta; Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo. Me acordaré de las obras de JAH; Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, Y hablaré de tus hechos. Sal. 77:6
Hay tanto por lo cual alabar al Señor, que la noche entera sería insuficiente para agradecerle todas sus bondades.
En cuanto a la mañana siguiente, ¿por qué no agradecerle por fe las bendiciones preparadas de antemano para andar en ellas el día de mañana?
Ofrendarle anticipadamente las glorias venideras y la dádiva por gracia en nuestra vida y en nuestra muerte, en que resucitaremos para gloria eterna. La seguridad de nuestra salvación, la justificación por medio de la fe, la gracia divina derramada en nuestros corazones, el sustento y el abrigo diarios.
Nunca habrá una noche tan tenebrosa que no exista algún motivo para cantarle y alabarlo y decir con el profeta Jeremías: Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.
Cualquier otro canto que no proceda de un corazón agradecido será un canto pasajero, pero los cantos espirituales serán duraderos y para gloria de su nombre.
Como el salmista diremos: Pero de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida. Sal. 42:8
Nunca podremos los verdaderos redimidos olvidarnos de las misericordias del Señor, por eso nunca debe cesar nuestra boca la alabanza a nuestro Dios, como lo dice el salmo 71:8 Sea llena mi boca de tu alabanza, De tu gloria todo el día.
Hay un canto coral que canta el coro Haendel, basado en este salmo,que dice: Que mi boca sea llena de tu alabanza diariamente sin descansar.
Las razones de los cánticos de noche son varias. La primera es que nos alentará a nosotros mismos estando en medio de la angustia.
Me acuerdo que cuando era niño y que íbamos al rancho de un tío a pasar el fin de semana ahí y que por la noche tenía que ir a un lugar del patio o al gallinero para traer huevos para la cena, iba cantando coritos para darme valor.
También cuando hemos estado afligidos y cantamos, nuestro espíritu se anima y la confianza en el Señor se acrecienta, por la simple razón de que el diablo no soporta las alabanzas y se retira de nuestra presencia.
Así sucedía con Saúl: un espíritu malo lo afligía, pero cuando David tocaba el arpa el espíritu se apartaba. Y así pasa en general, comenzamos a cantar y nuestros temores desaparecen.
A Dios le agrada que le cantemos, le gusta oír a su pueblo alabarle y más si está en medio de la prueba.
Si estamos en compañía de incrédulos que están afligidos, nuestros cantos espirituales podrán acercarlos a la confianza al Señor y podremos entonces dar testimonio de su evangelio.
El mandato divino es éste: predica la Palabra, enseña la Palabra, enseña la doctrina. El Señor no nos manda a discutir los puntos de vista de los demás, digamos simplemente El que creyere será salvo, y el que no cree, ya es condenado.
Así que gloriémonos en el Señor, alabemos su Nombre con cánticos espirituales y que la honra y la gloria sean de Él y para Él y en confianza plena en nuestro Salvador.
Como dice el himno # 259 HP: en la más obscura noche siempre hay luz.
Dios mi Hacedor, Que da cánticos en la noche,
Que nuestras noches no sean noches de aflicción sino que sean de confianza y alabanza a nuestro Salvador.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos nosotros. Amén.
Pastor Josué M. Dávila García.
PIB
23 de noviembre, 2003.
18:00 PM |
| Última modificación (
09-03-2005 ) |
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