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Grande para Salvar   PDF  Imprimir  E-mail 
Autor Pastor Josué Magdiel Dávila García  
21-03-2004

Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar.
Isaías 62:10-63:1

La grandeza del hombre siempre ha estado en las mentes de los que anhelan y buscan los honores del mundo, muchos, dentro de la historia humana han entrado en este selecto grupo de hombres que de una u otra manera se han ganado o les ha sido otorgado tan ilustre calificativo “grande”.

La historia cuenta de hombres que pon sus actos o aportaciones para la humanidad, se les califica como grandes hombres; desde conquistadores, científicos, filósofos, hasta hombres comunes y corrientes, a quienes por un gesto o acción personal, se les ha otorgado el titulo de grandeza y distinción. 

No cabe duda de que tanto el ímpetu de los hombres como su nobleza han escalado las alturas del reconocimiento humano. Y es en muchos el anhelo a seguir.

Existió un hombre, con naturaleza sobrehumana, que poseía un reino interminable, el cual estaba sujeto a su voluntad, hijo de un rey como no ha habido otro jamás, este hombre era poseedor de los atributos mismos de su Padre; su grandeza resplandecía. (Hebreos 1:1-4).

Su reino era perfecto, todo había sido hecho para que él, señoreara sobre sus posesiones, pero un día, nubes de tormenta se precipitaron sobre sus ellas. Un ser infernal, invadió sus limites y envenenó mortalmente a los súbditos de su reino.

Ese reino se contaminó; no había poder humano que pudiera detener la corrupción de su posesión. Sus súbditos se volvieron contra él señor de aquel reino,  y su padre que era un rey por demás justo, rescató sólo un lugar, del cual aquellos hombres no podían posesionarse.
 Ese ser implacable que había invadido y destrozado sus posesiones, era nada menos que su más acérrimo enemigo, Luz Bel, el mismo que había sido echado fuera del reino por ese gran y justo rey, y que ahora era conocido como el príncipe de este mundo.

Tomó como rehenes a los pobladores del lugar y cortó de un tajo, el sustento dado por parte de el rey justo y bondadoso, que a diario les visitaba por amor a su creación.

Pues bien, esto no es un cuento, ni es una fábula, ese príncipe semejante a su Padre es Jesús, el Hijo del Dios Viviente.

Dentro de lo que es considerado como grandeza en el hombre, no es posible aplicarlo a la persona de Jesús, puesto que lo que Él hizo, nadie, absolutamente nadie, podrá igualarlo, ni siquiera acercarse a un mínimo.

Dice en Filipenses 2:5-8 5Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz..

Se encarnó, bajó hasta la inmundicia del hombre para pagar el rescate tal y como lo dice 1 de Tim. 2:5-6 5Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 6el cual se dio a sí mismo en rescate por todos.

Dice nuestro texto 11He aquí que Jehová hizo oír hasta lo último de la tierra: Decid a la hija de Sión: He aquí viene tu Salvador; he aquí su recompensa con él, y delante de él su obra. 12Y les llamarán Pueblo Santo, Redimidos de Jehová; y a ti te llamarán Ciudad Deseada, no desamparada. 1¿Quién es éste que viene de Edom, de Bosra, con vestidos rojos? ¿éste hermoso en su vestido, que marcha en la grandeza de su poder? Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar.

Para rescatar a la humanidad, Jesús se encarna, toda una deidad espiritual toma la forma humana para poder hacer el rescate de muchos. Los demás, que no quisieron saber de Él, quienes lo negaron y se acogieron a las falsas promesas de Satanás, nada podría hacer por ellos.

Desde los tiempos antiguos, es anunciado el rescate, primeramente al pueblo escogido de Dios y posteriormente a todas las naciones. 

 11He aquí que Jehová hizo oír hasta lo último de la tierra: Decid a la hija de Sión: He aquí viene tu Salvador;.
El anuncio de salvación debe oírse hasta lo ultimo de la tierra, nadie debe quedar desapercibido, ni aquél que niega que Jesús es el Hijo de Dios. Todos tendrán que darse cuenta de que Jesús es el Salvador del mundo, y que como dice en Lucas 19: 10… el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. El Salvador había llegado, el rescate se inició, y como la humanidad se había desviado del camino de Dios, la condena fue dictada, como dice en Rom.3: 23por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

Vino pues Jesús para salvar a los que se habían perdido, gran tarea, enorme compromiso, sacrificio invaluable.

I. Y delante de él su obra.
Ya no es tan desconocida la obra redentora de Cristo Jesús, cristianos y no cristianos hemos sido advertidos de la obra establecida por Jesucristo aquí en la tierra. Por esa razón les diré no una, sino las razones por las cuales Jesús es GRANDE PARA SALVAR.

Ha habido muchos que han dado su vida por algunas personas, por algunos ideales y hasta por el amor de un hombre o mujer. Y podrán ser actos muy apreciados pero muy limitantes. Están centrados en una o tal vez en cientos o miles de personas, pero no en la totalidad de la raza humana. 

Además de que sus efectos son finitos, porque los salvados o rescatados u honrados murieron tiempo después.

Dice el evangelio de Juan en su capítulo 3 16Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Sólo Jesús ofrendó su vida para que todos los que quieran abrigarse bajo el poder salvífico de su sacrificio, tengan la garantía de su salvación no sólo en este tiempo o vida, sino eternamente y para siempre tal y como lo dice el autor a los Hebreos en su capitulo 5 : 7Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. 8Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; 10y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec. 

Por lo tanto, fuera de Jesucristo nadie puede otorgar salvación. Ni hombre, ni filosofía, ni religión. Por eso Jesús por medio de su obra, esto es, su sacrificio, es GRANDE PARA SALVAR.

II.  He aquí su recompensa con él,
Por más recompensas y reconocimientos de que el hombre pueda ser objeto, nada se compara con la recompensa de obedecer al Señor en conocimiento pleno  y sometimiento a su palabra y voluntad.
Un ejemplo claro de conocimiento y obediencia lo relata el autor a los Hebreos en su capitulo 11, en donde menciona a hombres y mujeres que por la fe, esto es la promesa, fueron grandes por haber creído y esperado en El Señor. Habla de Abel, Enoc, Noé, Abraham, Sara, Isaac, Jacob, Esaú, José, Moisés, Rahab, Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas 13Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. ¿Y qué más digo? que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, 34apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. 35Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. 36Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. 37Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; 38de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. 39Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; 40proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.

Buscaron pues no la recompensa de los hombres, sino la recompensa que a futuro vendría y recibirían de manos del libertador, el Salvador Cristo Jesús.
Hombres y mujeres que por fe alcanzaron la grandeza que sólo Dios puede dar y que el mundo desconoce. 

Y como dice en Rom. 8: 30Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. Tres distinciones que nadie más puede dar. No sólo nos salvó sino que nos dio todo un tesoro de bendiciones nunca antes vistas ni nunca antes dadas a hombres  orgullosos o vanagloriosos, sólo a los humildes y obedientes a su llamado. 

Pero no termina ahí su obra ni su recompensa. Dice el contexto: 2¿Por qué es rojo tu vestido, y tus ropas como del que ha pisado en lagar? 3He pisado yo solo el lagar, y de los pueblos nadie había conmigo; los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas. 4Porque el día de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos ha llegado.

Así como llevó a cabo el plan de salvación para redimir a quienes lo acepten como su Señor y Salvador, también hollará  con sus pies a todos aquellos que le rechacen, como dice en 1 de Cor. 15: 25Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.

¿Quienes serán sus enemigos? Todos aquellos que se fueron tras dioses falsos y falsas doctrinas y más aun, quienes confiando en ellos mismos no aceptaron el sacrificio vicario de Jesucristo, tal y como lo dice el autor a los Hebreos 10: 11Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; 12pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, 13de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; 14porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados..

Por lo tanto, así como es GRANDE PARA SALVAR, es también GRANDE PARA CASTIGAR. Y nadie que no le haya obedecido habiendo sabido de Él, quedará  sin castigo, como lo dice más adelante el mismo capítulo de Hebreos: 31¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! Y  Nahúm 1: 3 dice Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable.

 III . Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar.
Ya hablamos sobre su obra y su recompensa y algunos motivos por los cuales Jesús es GRANDE PARA SALVAR. Por último veremos la grandeza de su salvación. (Perdón, redención santificación, justificación y glorificación).
Como mencioné al principio, la grandeza de los hombres dada por hombres es finita, puesto que el efecto que le dio origen acabó tiempo atrás y sólo quedan recuerdos y tal vez monumentos o imágenes. Pero la grandeza de Jesús va más allá de todo eso.

Dice en Filipenses 2:9 9Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Su exaltación, va mas allá de nuestra comprensión, su grandeza es inescrutable puesto que no lo exaltó el hombre, sino Jehová, el Todopoderoso. 

¿A qué se debe esa exaltación? A que nadie más pudo haberle dado a la humanidad una salvación tan grande, porque con su muerte y resurrección nos da redención, que es el rescate efectuado por su persona, y mediante ésta obtener el perdón de pecados, como lo dice en Efesios 1: con la cual nos hizo aceptos en el Amado, 7en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. 

Asimismo, como resultado del perdón, nos da justificación, según vemos en Hechos  13 : 37Mas aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción. 38Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, 39y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree.

Y por esta justificación, obtenemos la santificación eterna, como lo menciona Rom.6: 22Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

Vida eterna, no finita, no pasajera, una vida que será gloriosa, puesto que aparte de todo lo ya mencionado: redención, perdón, justificación y santificación, nos da a futuro nuestra glorificación para la eternidad, como lo dice en 1 Cor. 15: 51He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 52en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. 53Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. 54Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. 55¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? 56ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. 57Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Y en 2 Tes. 1: 7b- …cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, 8en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; 9los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, 10cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros). 11Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, 12para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

¿Será entonces GRANDE PARA SALVAR? Una salvación tan grande como la que Él da, nadie ni nada pudo ni podrá hacer algo que se compare con semejante ella. Sólo Dios con su trinidad pudo hacer semejante acción salvífica.

Es, por tanto, como dice el apóstol Pablo en su primera carta a los Cor. capitulo 1: 30Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; 31para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.

Quienes buscan la gloria y el reconocimiento del hombre, y rechazan la grandeza de Dios en Cristo Jesús, ya tienen su recompensa, finita para esta vida, eterna para su muerte.

La justicia de Dios anunciada desde el principio de la historia del hombre, es lo que anuncio el Señor Jesús cuando estuvo entre nosotros, para vida y para muerte.

Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar. Entonces, ¿cómo descuidar una salvación tan grande? 1Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 2Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, 3¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? (Heb.2).

Es nuestra obligación dar la honra debida a su nombre, a su persona, puesto que al final de los tiempos toda rodilla se doblará a la pronunciación de su nombre (Fil. 2).

Creo que no hay más que agregar, Jesús es ¡GRANDE PARA SALVAR¡ 

¿Quieres tú aceptar esa salvación? Acéptala ahora y sé salvo para siempre. 

24Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, 25al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén. (Judas 1:24-25)

La Gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos nosotros.

Amén.


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