29-02-2004
SALMO 32:1,2
1Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño. SALMO 32:1,2
Dice el himno 141 del himnario bautista “Dicha grande la del hombre cuyas sendas rectas son…”.
Como el sermón del monte, el salmo 32 empieza con bienaventuranzas. El salmo uno describe el resultado de la santa bendición, y este salmo 32 detalla la causa de la misma.
El primero describe el árbol en pleno crecimiento y éste muestra cuando se le planta y riega.
El salmista describe las bendiciones del perdón de Dios para los que se arrepienten, y de experiencia propia enseña y exhorta a todos los hombres, tal como lo menciona el apóstol Pablo en Romanos 4:6-8.
¿Qué significa bienaventurado?…¡dichoso! ¡Qué gran felicidad la de ese hombre!, no es sólo el sentirse bien y sin remordimiento, es el estar totalmente bendecido y justificado.
En el salmo uno tenemos la bienaventuranza de la inocencia, de aquel que únicamente es inocente, y en el salmo 32 tenemos la bienaventuranza del arrepentimiento como el estado más feliz que sigue al de la falta de pecado.
Es una dicha, una felicidad, una bendición justificante delante de Dios, por medio de aquel que cargó nuestros pecados: Cristo Jesús, Señor nuestro.
Cuya transgresión… cuyo pecado ya no existe, cuya culpa le ha sido quitada, no hay delito que perseguir, no hay castigo que aplicar. Porque Dios ya no los toma en cuenta, porque sabe que aunque pecamos, nos arrepentiremos enseguida. En estos dos versículos se mencionan cuatro delitos: Transgresión, pecado, iniquidad, engaño.
¿Quién es bienaventurado? No el que oculta, esconde o no confiesa su pecado. Mientras David permanecía en su pecado, la desgracia estaba sobre él y su aflicción era tremenda. Había doblez en su espíritu, doble ánimo, miseria en su corazón, dolor en sus huesos.
Cuando el pecado se arraiga en el ser humano, lo carcome poco a poco hasta acabar con el último aliento de esperanza y paz. Y, como dice en Jeremías 8:3: “3Y escogerá la muerte antes que la vida todo el resto que quede de esta mala generación, en todos los lugares adonde arroje yo a los que queden, dice Jehová de los ejércitos.”. Igualmente en Apocalipsis 9:6 dice: 6Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos.
Transgresión. Podríamos decir que es pasarse de la raya, hacer lo prohibido, traspasar el mandato de no ofender a Dios con intención o sin ella. Muchos de nosotros, por no decir que todos nosotros, pecamos tanto inconscientemente como con toda intención.
La transgresión va más allá de la simple desobediencia, porque ésta queda atrás una vez que llevamos a cabo la transgresión; es como ir por un camino en el que se muestra una valla que impide seguir por el mismo. ¿Qué hacemos entonces?, quitamos la valla, y seguimos adelante, haciendo caso omiso al señalamiento de no seguir por ese camino.
La transgresión casi siempre es voluntaria y en plena conciencia, haciendo lo prohibido; sólo se le puede disfrazar, pero no ocultar. Y cuántas veces transgredimos los mandatos del Señor, ¡a diario!, prácticamente.
Fácil es el transgredir los mandatos de Dios, andamos en desobediencia franca aun en nuestro propio hogar; no necesitamos salir de casa para desobedecer lo que el Señor nos manda que no hagamos.
La transgresión es una violación de los estatutos y de la voluntad de Dios para nuestra vida. Simplemente el pasar por alto el buscar y hacer su voluntad diariamente, es delito. El buscar las cosas de la carne antes que las del Espíritu, es transgresión y desobediencia.
Pecado. Después de la transgresión, llega el pecado, ofensa contra Dios, …y el pecado que una vez ha sido consumado…Nunca nos quedamos con la sola intención de pecar, cuando la mente del humano lo lleva concebir el pecado y después, en acto seguido, sumergirse en él, no queda más que esperar las consecuencias del mismo.
La palabra del Señor nos dice en Rom.6:23 “Porque la paga del pecado es muerte,” Consecuencias terribles trajo el pecado al hombre, estando bajo la tutoría directa de Dios y disfrutando de la inmortalidad, la destitución se hizo presente, Rom 3:23 nos dice: por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, destituidos, corridos, echados fuera de su benevolencia.
Nos vino la muerte física y espiritual, nos hicimos acreedores a la segunda muerte. La primera muerte es la física, la corpórea, el cuerpo que tiene que ser sepultado por causa de su descomposición una vez que la vida deja de ocuparlo.
La segunda muerte es la que se menciona en Apocalipsis 20:6 y 11 11Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. 12Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. 13Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. 14Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 15Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.
Destituidos completamente de la Gloria de Dios, sin excusa, sin excepciones. El castigo es dado, puesto que el pecado es totalmente inaceptable ante la santidad de la Trinidad.
Aparte de todo eso, en vida terrena del humano, una vida pecaminosa lo lleva a sufrir consecuencias adversas a su vida e incluso en lo físico, el mismo David dice en los versos 3y4: Mientras callé, se envejecieron mis huesos, En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano.
Se cumple lo dicho por el Señor en Isaías 57:21, No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.
Impíos, Iniquidad. Lo contrario a equidad o justicia, dice en 2 a Tesalonicenses 2:8-12: Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; 9inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, 10y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. 11Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.
Definitivamente la iniquidad tiene su paga y no es nada buena esa paga, dice en 2 de Pedro 2:15, Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad, 16y fue reprendido por su iniquidad;
Ésta es también responsable del doble ánimo, esto es el Engaño, que no es otra cosa que fraude, dolo, malicia, y mil adjetivos más.
Los que hacen iniquidad, son acreedores de culpa. Doblez de espíritu, es decir, la práctica del engaño, la traición, la tacañería, son rasgos inconfundibles de los hijos de desobediencia. No están libres de culpa ni su pecado ha sido limpiado o cubierto, sino que está latente, supurando muerte y condenación.
Transgresión no perdonada, pecado no cubierto o absuelto, iniquidad atribuida, engaño reprobable. Eso es lo que tiene el hombre que no teme a Jehová, un hombre que va directo a la segunda muerte, a la condena eterna.
Hablemos pues de cómo puedes tú, que estás aquí y que no te has librado aún de esta condena y castigo, tener el perdón y la vida eterna.
Dice el salmista: Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada…
Ya hablamos de la transgresión, y vimos lo terrible que es, pero puede ser perdonada, puede obtener un perdón pleno, al instante e irreversible. Estando en camino del infierno, coloca al hombre en el camino al cielo ¡cambio notable! Y de ser culpable y merecedor de la ira de Dios, lo transforma en participante de bendición.
La palabra traducida por “perdón” en el original es “quitar”, quitar una carga que es por demás pesada. En Mateo 11:28 dice el Señor Jesús…Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Descanso, alivio, es lo que Jesús ofrece al pecador. Le costó a nuestro Salvador derramar su sangre, cargar el peso completo de la cruz junto con la carga de nuestros pecados, tal y como lo relata el profeta Isaías en su capitulo 53, que viene a ser nuestro credo, Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores, Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados, mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
Bienaventuranza que no puede ser obtenida por ningún otro medio, una verdadera felicidad, no la que ofrece el mundo basada en el honor, la hermosura y las riquezas, sino en el bendito perdón misericordioso del pecado.
Pablo escribe en 1 a Timoteo 1:13: habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia. Cuando el Señor perdona a un pecador que se arrepiente de sus pecados, no perdona un pecado por vez, sino que otorga un legado de perdón absoluto, abarcando todos los pecados de ese arrepentido. Dios al perdonar, remite la culpa y el castigo, no más condena de culpabilidad, no más ira de Dios.
Cubierto su pecado. Así como Dios cubrió el arca del pacto, como cubrió con las aguas del mar al ejército de faraón, que nunca más se han encontrado. ¡Qué cobertura ha de ser para que esconda para siempre de la vista del Dios omnisciente toda la inmundicia de la carne y del espíritu!. Quien ha visto y vivido la deformidad del pecado, nunca más tendrá que cargarlo.
Dice en Proverbios 28:13 El que encubre sus pecados no prosperará. Hay un modo de encubrirlo, y ésta es no confesarlo o peor aún, negarlo.
El cubrir el pecado con una mentira es muy distinto a que ese pecado sea cubierto con la justificación que nos es dada en la persona de Cristo.
Se usan tres palabras para denotar desobediencia; transgresión, pecado e iniquidad. Tres maldiciones concebidas en el infierno, que son anuladas con la gracia redentora de la Trinidad, porque: el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.
Libre de culpa y de engaño. Cuando se ha sido perdonado, el creyente adquiere la valía de la justificación ante Dios, ya no hay doblez de espíritu. Con fe verdadera se sabe que es imposible esa condición delante de Dios. Porque antes ocultábamos nuestros pecados de los demás, pero no de Dios. Ya no hay nada que esconder, se está ante Dios con alma abierta y espíritu desnudo. 23Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno. Romanos 5:1 nos dice: 1Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 2por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia.
¿Quién es bienaventurado? Aquél a quien le ha sido perdonado su pecado, que se aparta de él, que no contrista al Espíritu de Dios. Ése es bienaventurado. Es una bienaventuranza superlativa, la condición más alta de felicidad que puede experimentar el creyente; implica obediencia plena, perfecta, obediencia de corazón, de nuestro ser entero.
Es pues ésta la mas bendita de todas las bienaventuranzas.
Dijo Felipe al eunuco: Si crees de todo corazón, bien puedes. ¿Crees tú que confesando tus pecados y dejando esa vida pecaminosa y aceptando a Jesús como tu Señor y Salvador, obtendrás tu perdón y salvación? Si crees de todo corazón, bien puedes.
Sólo un corazón hipócrita puede impedir que la gracia redentora llegue a ti. Rinde tu corazón, confiesa tus pecados a Dios, pide el perdón en Cristo Jesús, y pídele a Jesús que entre a tu corazón.
Que la gracia de nuestro Redentor sea con todos nosotros.
Amén. |