15-02-2004
oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono. . . Apocalipsis 5:11
Las orquestas y los coros podrán entonar de manera hermosa himnos y cantos de alabanza pero aun así, estamos lejos de darle al Señor la honra y la gloria debida a su nombre. No importa cuán magnífica sea nuestra alabanza, ésta no es más que una débil sombra de la alabanza y adoración que un día se elevará para el Cordero de Dios allá en los cielos. Jesús es digno de la adoración y alabanza de todos los seres humanos ". . . El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza" (Apocalipsis 5:12).
En Apocalipsis 5 leemos la descripción que hace Juan de un círculo que se va ampliando para alabar al Señor Jesús. Comienza con "cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos" (v.8). Se les unen ángeles que llegan a ser "millones de millones" (v.11).
Pero eso no es todo. Todo ser creado en los cielos, en la tierra y en el mar un día cantará: "Al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos" (v.13). Y ese día será cuando estemos todos ante su presencia.
¿Cuál es la razón por la cual se debe alabar y adorar a Jesús? La respuesta está en el verso 9: y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación.
La redención es la acción de quitar de nosotros toda culpa por el pecado ante Dios. Los que somos redimidos tenemos, además, justificación por la fe y una paz necesaria con Dios, puesto que nuestra vida de pecado puso enemistad entre él y nosotros. Como lo dice en Romanos 5:1 y 2 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 2por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Además, como lo menciona también Romanos 3:24: siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.
Así que por el hecho irrefutable de que Jesús es el único Salvador para la humanidad, él es digno de suprema alabanza. Y todo aquel que ha sido redimido dará alabanza, honra y gloria a su Salvador.
Pero ¿qué hay de aquellos que no han sido redimidos por el sacrificio de Jesús?
No podrán alabarlo ni glorificarlo puesto que serán echados al infierno, tal como relata el capitulo 20 de Apocalipsis a partir del verso 11: 11Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. 12Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. 13Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. 14Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 15Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.
No tienes que esperar ese día para cantar alabanza al Cordero o para llorar arrepentido desde el infierno por no poder hacerlo. él murió por los pecadores y resucitó para darnos vida eterna. ¿Tendrás tú esa vida para alabarlo y glorificarlo? ¿O te tiene sin cuidado el futuro que te espera sin Cristo y sin esperanza? él es digno de tu alabanza ahora mismo, y podrás alabarlo si lo aceptas como tu Señor y Salvador.
En eso creemos los bautistas y estamos seguros de nuestra vida eterna. Por eso lo alabamos y glorificamos desde aquí y en estos mismos momentos.
La alabanza es lo que brota de un corazón redimido y gozoso, ¿estará tu corazón también lleno de alabanza y gloria para él?
Es mi oración como co-pastor de esta Iglesia que seas redimido y alabes al Señor con corazón agradecido.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea contigo.
Amén. |