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Autor Jorge Villegas
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12-01-2003
Me contaron de un hombre que quedó virtualmente incapacitado después de un accidente. Una noche oyó la voz de Dios que le decía: todos los días empuja una gran roca que está en el patio de tu casa. Hazlo ya.
El hombre obedeció. Empujó y empujó pero la roca no se movía ni un centímetro.
Después de muchos días de afanarse en vano, se declaró vencido: Dios mío, le dijo, por obediencia empujé y empujé pero fracasé. No he podido mover la roca.
Dios le respondió: Yo no te pedí que movieras la roca, sólo que la empujaras. Con tus esfuerzos, fortaleciste tus brazos, tus piernas, tu espalda. Ahora estás rehabilitado y listo para seguir con tu vida de antes.
No te desesperes ante los obstáculos que parecen insalvables, contra los que luchas en vano.
Aun si no los vences, saldrás fortalecido en tu carácter, en tu fe. Dios no te manda en vano. |