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Autor Jorge Villegas
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26-01-2003
Déjeme contarle acerca de dos sectas: la de los Cruztianos y la de los Centinelas de la Tumba Vacía.
Los Cruztianos adoran la cruz del Calvario. Se solazan en el Cristo ensangrentado clavado en el madero.
En Semana Santa, van y crucifican de mentiras a un vecino. Al Cristo lo tienen en sus iglesias: de cuerpo entero, con las heridas expuestas y la sangre corriendo desde su corona de espinas. Sufren con él, hacen penitencia por él. Pero de la cruz no lo bajan.
Los Centinelas de la Tumba Vacía, predican la vida y milagros de Jesús, pero sienten que su vida maravillosa no trascendió más allá de su tumba. Tras una roca enorme se frustró el sueño, se acabó su visión de la eternidad. Por eso ellos siguen cuidando el santo sepulcro. No se han dado cuenta de que la tumba está vacía.
Nosotros somos los creyentes de la luz. Vivimos cada día el portento de la Resurrección y adoramos a un Cristo vivo que venció a la cruz y al sepulcro.
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