29-10-2008
La doctrina de la omnipresencia de Dios nos debe asombrar de manera tal que le demos honra y gloria a nuestro Dios con gran reverencia y debe ser también de gran consuelo para nosotros, puesto que nuestro Dios está muy cerca nuestro.Dios, siempre está atento a nosotros, no tenemos que hacer fila ni desear ser escuchados para que Él se de cuenta y nos escuche y atienda a nuestra necesidad.
Cuando Dios nos presta atención, no descuida el otro lado del planeta, todo está bajo su control absoluto porque nada escapa a su escrutinio.
Por supuesto, esta doctrina no es del agrado de los inconversos, puesto que no tienen ningún lugar donde esconderse de la presencia de Dios.
No existe lugar alguno donde Su presencia no esté, incluso, Su presencia está en el mismo infierno, hecho por su voluntad, tiene Su sello característico que es a saber la perfección. Todo lo que entre, no saldrá jamás. Y Su ira concentrada acompaña a todo aquel que es y será enviado ahí.
El rey David, que tantas veces alabó la gloria de la omnipotencia de Dios en los salmos, nos da un resumen muy poético de esta doctrina:
¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba Y habitare en el extremo del mar, Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día; Lo mismo te son las tinieblas que la luz. Salmo 139:7- 12
Gloria demos a nuestro Dios por su omnipresencia. |