21-11-2008
Una de las primeras cosas que nos son enseñadas siendo niños, por nuestros padres, es lo grande y lo bueno que es Dios. Estas dos virtudes de Dios, la grandeza y la bondad, pueden estar contenidas en una sola palabra bíblica, la santidad.
Cuando hablamos de la santidad de Dios la asociamos generalmente con la pureza y justicia de Dios. Sin duda alguna la idea de santidad contiene estas virtudes, pero no constituyen el significado esencial de la santidad.
La palabra bíblica Santo tiene dos significados distintos. El primero es: apartado. Esto debe darnos la idea de la profunda diferencia que existe entre Dios y los seres creados. Esto se refiere enfáticamente a la majestad trascendente de Dios, a su excelsa superioridad por lo cuál Él es digno de todo honor, de toda reverencia, de toda adoración y de una alabanza digna a Su majestad.
El es distinto a nosotros en su gloria. Cuando la Biblia habla de objetos santos, de un pueblo santo o de un tiempo santo, se refiere a cosas que han sido apartadas, consagradas o hechas distintamente por la mano de Dios y para Dios.
El suelo que pisaba Moisés frente a la zarza, era un suelo santo porque Dios estaba ahí en la zarza de manera muy especial. Esto era la cercanía de lo divino, que convertía a lo ordinario en extraordinario, y lo cotidiano algo fuera de lo común.
El segundo significado de Santo se refiere a las acciones puras y justas de Dios. Dios hace lo que es justo delante de Él y esto, porque su naturaleza es SANTA. Podemos entonces entender, la justicia interna de Dios (Su naturaleza santa) de la justicia externa de Dios (sus acciones justas).
Por tanto, como Dios es grande (omnipotente) y bueno (santo) al mismo tiempo no existe ni una pizca de maldad o debilidad en Él.
Cuando somos llamados a ser santos, no significa que hemos de compartir la majestad divina de Dios, sino que debemos apartarnos de nuestra pecaminosidad natural como caídos y reflejar el carácter moral de Dios en toda nuestra vida y ser.
Sed santos, porque Yo soy Santo, en otras palabras diría: sean justificados por la fe en el Cordero y purificados en Su sangre preciosa, y vengan a Mí, todos los pueblos de la tierra.
¡¡Alabemos y glorifiquemos a nuestro Dios por Su Santidad!! |