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 31-07-2010
La Bondad de Dios   PDF  Imprimir  E-mail 
Autor Pastor Josué Magdiel Dávila García  
27-11-2008

Santiago 1:17 dice: Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

Dios nunca cambia. En Él no existe pizca de cambio o variación. No tiene un “lado sombrío” en un sentido figurativo o moral.

En el sentido bíblico, las sombras u oscuridad significan maldad. Como sabemos, en Dios no existe la maldad, ni hay algún indicio de oscuridad. Como lo dice Santiago, es el Padre de las luces.

Dios no solo es inmutable, su propio carácter, que a nuestros ojos lo hace bueno, lo conduce a ser SIEMPRE bueno, en todo tiempo y lugar. La relación entre la bondad y Dios es tan estrecha que hasta los filósofos paganos como Platón, equipararon la bondad máxima y el bien supremo, con Dios mismo.

El bien de Dios se refiere entonces a Su carácter como a Su conducta. Actúa conforme a lo que Él es y Su Ley, refleja Su bondad. La bondad de Dios no es arbitraria ni caprichosa. No obedece a una ley, sino que su propia naturaleza perfecta es la ley de Su propio carácter.

Uno de los versículos más conocidos del Nuevo Testamento es el de Romanos 8:28, que dice: Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Si Dios hace posible que todo lo que nos suceda resulte para nuestro beneficio, entonces todo lo que nos suceda será para nuestro bien.

En nuestra vida nos pueden suceder cosas derivadas de la maldad propia o de terceros. (Aflicción, miseria, injusticia, y un sin fin de calamidades más.) Sin embargo, la bondad de Dios trasciende todas estas cosas y hace que estas ayuden para nuestro provecho. Para el cristiano no existen las tragedias porque la providencia de Dios hará que: Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Martín Lutero comprendió muy bien este aspecto de la buena providencia de Dios cuando dijo: Si Dios me pidiera que comiera estiércol de las calles, no solo lo comería, sino que sabría muy bien que es para mi beneficio.

 


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