09-03-2003
¿Se ha asomado usted al cine, a la televisión, a los antros donde se entretienen sus hijos?
En todos ellos son sometidos al bombardeo de una sensualidad desorbitada, de un llamado a los vicios, al abuso de sustancias tóxicas.
Imposible aislarlos y criarlos en un castillo de la pureza inexistente. Tienen que vivir en el mundo y resistir el acoso de una moralidad relajada, de una publicidad insidiosa, de negociantes viles de alcohol, cigarrillos y drogas.
Hay que mandarlos debidamente capacitados, armados, para resistir, para ejercer su criterio, para eludir los acosos. Sanos de mente e intención, aptos para rebatir al mal, dispuestos para afrontar los riesgos y cargas de ser diferentes.
Enseñarlos, pues, a no comprometer su condición de luz y sal de la tierra.
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