20-04-2003
Dan ganas de ocultar los periódicos, de apagar el televisor, para que los niños no enloden su mente con las noticias escandalosas, vergonzantes de los últimos días.
El presidente de una gran nación, confeso de adulterio y mentira.
Un secuestrador y asesino que proclama desde la televisión que no se arrepiente ni siente pena por sus víctimas.
Esquemas de fábula aprovechados por los prominentes para lucrar y barrer bajo la alfombra sus deudas.
Son mensajes brutales, escarnecedores.
Lo aconsejable es que los niños, los hijos, no los vean como espectáculo, horripilante pero obsesivo.
Que lean y vean esos casos junto a nosotros, con sentido crítico, con la moraleja rigurosa. Desde la perspectiva ética del Evangelio.
No podemos criar a los hijos bajo un manto de ignorancia sobre el mal que los circunda.
Hay que adiestrarlos, eso sí, para ejercer su sentido de censura moral, de rechazo expreso al mal avieso. Ayudarlos pues a vestirse con la armadura del cristiano.
|