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Autor Jorge Villegas
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18-05-2003
En la Iglesia de Antioquía observaban cuáles eran los dones espirituales que Dios había dado a sus miembros.
Después, conociendo esos dones, comisionaban a esos miembros para que sirvieran a Dios en aquello para lo que tenían más aptitudes.
Nosotros le hacemos al revés: primero diseñamos las tareas y luego andamos buscando a ver quién tiene el perfil. O las ganas de hacerlo.
Al estilo de Antioquía, debiéramos hacer un catálogo de los dones espirituales de todos los miembros. Y con esa base diseñar ministerios para los que tengamos más capacidad y más talento.
Haciéndolo así, la estructura de nuestra Iglesia no seria necesariamente igual a la de las demás. Pero la energía de una iglesia impulsada por los dones genuinos de sus miembros ¡A ver quien la para!
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