24-08-2003
En esta época de Navidad ¿Acepta usted ser las manos de Dios?
Es privilegio grande pero tarea sencilla. Cuestión de hacer las tareas providenciales de nuestro Señor.
Hay que dar de comer a los pobres, festejar a unos niños de la calle, organizar despensas con ropa de segunda mano.
Vaya, hay que compartir las bendiciones que Dios nos dio en el año.
Decirle a los otros con hechos, no nada más de pico, que Dios los ama y vela por su bienestar.
Aceptar el desafío de ser las manos de Dios no le va a ganar méritos en el cielo.
Pero va a demostrar los resultados de su fe, de su amor que lo ata hacia arriba con su Señor y hacia los lados con su prójimo.
Con un resultado colateral: encontrará que es más fácil evangelizar cuando abre uno la relación mostrando las bondades que florecen entre los verdaderos cristianos.
|