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Autor Jorge Villegas
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09-05-2004
Alguna vez oí al hermano Roberto Porras predicar en el pequeño templo de la Primera Iglesia Bautista de Cuernavaca.
El templo estaba a reventar. Habían agregado sillas y aún así había familias en pie.
El predicador empezó por felicitar a la congregación con un peculiar elogio: los felicito, les dijo, porque tienen ustedes problemas.
Y pasó a explicarles la paradoja: tienen problemas porque su iglesia crece más allá de la capacidad del templo. Tienen problemas porque tendrán que tirar los muros y ampliar su recinto. Tienen problemas porque tendrán que multiplicar sus clases de la Escuela Dominical.
¿Nos estará Dios bendiciendo con problemas semejantes en nuestra iglesia? ¿Llenamos el templo y ya no hallamos dónde colocar tantos grupos de la Escuela Dominical?
Lo triste, en ese contexto es que no tengamos problemas. Que nos sobren bancas, que el domingo las clases se den en salones semivacíos. Oremos para que Dios nos envíe "problemas".
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| Última modificación (
10-05-2004 ) |