Oración intercesora de
Daniel
3Y volví mi rostro a Dios el Señor,
buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. 4Y oré a
Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de
ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan
tus mandamientos; Daniel
9:14 (Hab.
3)
Uno de los problemas más grandes que tiene el pueblo de Dios es
que no deja de ser rebelde a Dios y a sus propósitos.
Todos nosotros como seres humanos capacitados con raciocinio
tendemos a imponer nuestros propios deseos ante los demás. Y entre más
influencia tengamos más nos pavoneamos de ello ya sea de manera sutil o de forma
altanera.
Hacemos lo que nuestra conducta nos dicta y minorizamos las
condenas que los demás nos hacen por imponer nuestros intereses y nuestra
autosuficiencia. Y procedemos a juzgar a los demás que no “entienden” nuestros
pensamientos y nuestros deseos tachándolos de ignorantes o de retrogradas.
Las Iglesias pasan por períodos muy difíciles cuando sus pastores
descuidan la sana doctrina y la verdadera adoración dando por consecuencia un
enfriamiento espiritual y un desvío de la verdadera doctrina lo cuál da por
resultado un ausentismo marcado y despreocupado a los
cultos.
O
cuando las Iglesias quedan si pastor por períodos prolongados, el problema se
acentúa, puesto que en ausencia del líder espiritual surgen infinidad de líderes
charros que tratan de subir como espuma en el liderato de la Iglesia, pero así
como la espuma, descienden rápidamente dejando a la deriva lo poquito que hacían
trayendo amargura a su corazón y contaminando con esa amargura a muchos otros en
la congregación propiciando la desunión.
De
ahí es que surgen los más grandes problemas para el pueblo de Dios, un pueblo
que en muchos casos no ha sido bien alimentado ni enseñado o educado en la
voluntad de Dios y en sus propósitos.
Es
notorio el enfriamiento espiritual cuando una Iglesia deja de lado su
responsabilidad como cuerpo de Cristo ignorando voluntariamente su rebeldía al
Señor acomodándose concientemente a sus iniquidades, al grado que, no le importa
lo que suceda en la Iglesia.
¿Por qué hoy en día las algunas Iglesias tienen grandes problemas
doctrinales y de culto? ¿Por qué los miembros de estas Iglesias migran a otras
congregaciones sin importar si son bautistas o no? Simplemente por su rebeldía y
su falta de conocimiento de Dios y de su voluntad, falta de amor y compromiso
por el Señor.
En este pasaje de Daniel observamos el secreto para acercarse a
Dios y encontrar misericordia y gracia para el oportuno socorro como lo dice el
autor a los Hebreos en su cap. 4:16 Acerquémonos, pues, confiadamente
al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el
oportuno socorro.
Se
preguntará usted ¿Cuáles problemas doctrinales o de culto podríamos tener? Pues
le diré algunos que pudieran tener: Desconocimiento de la voluntad de Dios para
su vida (menosprecio de la muerte sacrificial de Jesucristo), hacer los
cultos de manera mundana para alagar el gusto personal (Minimizando el temor
reverencial hacia la casa del Dios fuerte y celoso y el alejamiento espiritual
tanto con los hermanos de la congregación como con nuestro Señor que es la falta
de comunión unos con otros y más con nuestro Dios a través de la
oración).
Lamento mucho si estoy hiriendo susceptibilidades con esto que
estoy comentando, no vine a endulzarles el oído, pero una cosa es cierta; una
Iglesia que está en constante comunión y orando, sus miembros no descuidan ni la
doctrina ni la comunión con Dios.
¿Cuántos de ustedes no comulgan con doctrinas y prácticas
carismáticas o pentecostales? En la actualidad hay un gran numero de Iglesias
bautistas que han sucumbido al carismatismo y al pentecostalismo aduciendo que
la alabanza y la adoración han evolucionado junto con la demanda del mundo por
libertinaje.
Pues bien, estos y muchos otros son los pecados de la Iglesia en
general actual que deja que el mundo contamine el culto y las mentes de sus
congregantes.
¿Cuán contaminado del mundo estaba el pueblo de Dios que Daniel siente gran pesar por el pueblo de
Israel? Dice así nuestro pasaje:
3 Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y
ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. 4 Y oré a Jehová mi Dios e
hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que
guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus
mandamientos; 5 hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos
hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus
mandamientos y de tus ordenanzas. 6 No hemos obedecido a tus
siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros
príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.
7 Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro,
como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y
todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has
echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti.
8 Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros
reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos.
9 De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar,
aunque contra él nos hemos rebelado, 10 y no obedecimos a la voz
de Jehová nuestro Dios, para andar en sus leyes que él puso delante de nosotros
por medio de sus siervos los profetas. 11 Todo Israel traspasó
tu ley apartándose para no obedecer tu voz; por lo cual ha caído sobre nosotros
la maldición y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo de
Dios; porque contra él pecamos. 12 Y él ha cumplido la palabra
que habló contra nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaron, trayendo
sobre nosotros tan grande mal; pues nunca fue hecho debajo del cielo nada
semejante a lo que se ha hecho contra Jerusalén. 13 Conforme
está escrito en la ley de Moisés, todo este mal vino sobre nosotros; y no hemos
implorado el favor de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras
maldades y entender tu verdad. 14 Por tanto, Jehová veló sobre
el mal y lo trajo sobre nosotros; porque justo es Jehová nuestro Dios en todas
sus obras que ha hecho, porque no obedecimos a su voz. 15 Ahora
pues, Señor Dios nuestro, que sacaste tu pueblo de la tierra de Egipto con mano
poderosa, y te hiciste renombre cual lo tienes hoy; hemos pecado, hemos hecho
impíamente. 16 Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia,
apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalén, tu santo monte;
porque a causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres,
Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de todos en derredor nuestro.
17 Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus
ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor
del Señor. 18 Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus
ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu
nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras
justicias, sino en tus muchas misericordias. 19 Oye, Señor; oh
Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo,
Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu
pueblo.
Cuan importante es la oración en la vida de los creyentes y más en
la vida de una Iglesia, hay muchos aquí que no acuden a los cultos de oración
los miércoles.
Los que no asisten, ¿están concientes de las necesidades de los
hermanos y de la Iglesia?
¿Cómo es que se comunican ustedes con el Dios de toda gracia
y que nos dice: vuélvete a Jehová, Clama a mi y yo te
responderé?
Supongo que por lo menos están orando por su familia o ¿Dan por
sentado que Dios les bendice así como son? El estar confiados en la aparente
tranquilidad de la vida es pecado.
No
es posible que el pueblo de Dios que esta conciente de su pecado no acuda
fervientemente en oración y suplica ante el gran Trono Santo de nuestro Dios así
como lo hizo Daniel.
La confesión de Daniel es:
5hemos pecado, hemos cometido
iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado
de tus mandamientos y de tus ordenanzas.
Esta oración intercesora no fue para interceder por incrédulos,
fue para interceder por el pueblo de Dios, a quienes sacó de la tierra de Egipto
y les dio la tierra que destila leche y miel.
En
otras palabras este mensaje no es para pecadores irredentos, es para la Iglesia
del Señor que ha sido comprada por precio y en cierta manera, ha pecado contra
Él descuidando la comunión y la sana doctrina.
Quiero preguntarle ¿Cómo es su vida devocional con el Señor? En
escala del 1-10. Y en esa misma escala ¿Cuánto confía usted en las promesas que
le ha dado el Señor?
Le
diré una cosa, Una vida sin oración y sin confianza en las promesas del Señor es
una vida sujeta a sus concupiscencias y por lo tanto alejada de la voluntad de
Dios. Presa de toda desventura.
Las promesas de nuestro Señor son para que nosotros los receptores
de esas promesas estemos en oración continua agradeciéndole sus bendiciones y suplicándole humildemente el perdón de
nuestros pecados.
No
es cuestión de pensar ¿Qué es lo que le tengo que pedir? ¿Porque tengo que
humillarme siempre que ore? El asunto es que todos nosotros somos pecadores y
pecamos diariamente de pensamiento de palabra o de
hecho.
Y
que a cusa de esos pecados, nuestra comunión con el Señor se debilita o se
enfría y no se diga de nuestras relaciones interpersonales con nuestros hermanos
en la fe.
¿Tiene usted problemas o desacuerdos con otros hermanos de la
congregación? ¿Piensa que usted está en lo correcto y los demás no?
De
ahí que nacen las disensiones y las
divisiones en el pueblo de Dios y una Iglesia sin comunión con el Señor es presa
fácil del enfriamiento espiritual y los problemas
congregacionales.
Para muchos el culto pierde su “sabor” o empieza a ser causa de
incomodidad y por esa razón desertan y emigran a otras
congregaciones.
En
lugar de doblar sus rodillas y orar fervientemente para que ese problema el
Señor lo allane mejor se van en lugar de orar diariamente por todos los miembros
de la Iglesia para que ninguno flaquee ni abandone la
membresía.
¿Ha orado usted por los oficiales de la Iglesia? ¿Por los diáconos
que están al frente de la Iglesia? ¿Por los ministros y viceministros de
ministerios? ¿Ha orado usted por el hermano o la hermana que domingo a domingo
se sienta en la misma banca que usted? ¿Ha orado usted por los
pastores?
Motivos para orar abundan, ¿Por qué razón los cultos de oración
son tan despreciados por la congregación?
No
importa que tipo o clase o tamaño de Iglesia sean, todas padecen de lo mismo,
falta de oración. Y les diré una cosa, tampoco importa el número de oradores,
importa la calidad espiritual de los creyentes.
El
Señor bendice a su Iglesia y espera que su Iglesia le busque en oración y
ruegos. Según dicen por ahí que la calidad de una Iglesia se mide en los cultos
de oración. Es en estos casos que se ve cuantos de los miembros de la Iglesia
tienen verdadera necesidad de oración y de intercesión.
De
nada sirve que todos ustedes vinieran al culto de oración con el Espíritu Santo
contristado, Entre mayor porcentaje de cristianos espirituales acudan al culto
mayores manifestaciones gloriosas del poder de Dios se manifiestan en sus vidas
y en la vida de la Iglesia.
Las promesas de Dios son para
estimular nuestras oraciones, no para hacerlas innecesarias; y cuando vemos que
se aproxima el cumplimiento de éstas, debemos orar con más fervor a Dios, por
ejemplo; el regreso glorioso de nuestro Señor y Salvador.
El Señor Jesucristo enseñó la
necesidad de la oración a sus discípulos allá en Lucas 11:10 cuando le dijeron
Señor enséñanos a orar, y después de enseñarles les dice: Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca,
halla; y al que llama, se le abrirá.
Si usted no esta acostumbrado a
tener oración periódica ni asistir a los cultos de oración quiero suponer que es
porque es usted la persona más santa y más justa de toda la tierra y que lo que
se menciona en Romanos 3:10-18 no es aplicable a
usted.
No hay justo, ni aun uno; No hay quien
entienda. No hay quien busque a Dios.
Para que buscarle si soy tan
justo, si no necesito pedirle nada porque todo lo que hago es para mi provecho y
por mi propio esfuerzo.
En
toda oración debemos hacer confesión no sólo de los pecados de que
fuimos culpables, sino de nuestra falta de fe en Dios y dependencia de Él,
nuestra tristeza por el pecado y nuestras resoluciones en su contra debe ser
nuestra
confesión.
En
éste pasaje de Daniel tenemos una oración seria, humilde y devota de Daniel
a Dios; en la cual él le da la gloria como Dios temible y como Dios
fiel. Es así que en nuestras oraciones debemos contemplar la grandeza y
la bondad, la majestad y la misericordia de Dios.
Aquí hay una confesión penitente de pecado, la causa de los
trastornos bajo los cuales la gente gimió por tantos años. Todos los que deseen
hallar misericordia deben confesar sus pecados.
Aquí hay un reconocimiento de la justicia de Dios que humilla al
yo; y es siempre el camino del verdadero arrepentido justificar de este modo a
Dios. Las aflicciones son enviadas para llevar a los hombres a que abandonen sus
pecados y entiendan la verdad de Dios.
Aquí hay una apelación de fe a la misericordia de Dios. Es un
consuelo que Dios siempre haya estado listo para escuchar nuestros ruegos y
perdonar el pecado.
Da
ánimo recordar que las misericordias pertenecen a Dios, como es convincente y
humillante recordar que la justicia le pertenece. Y que solamente Él puede
hacernos volver de nuestros caminos.
Hay abundantes misericordias en Dios, no sólo un perdón, sino
multitud de perdones. Aquí se argumenta el reproche bajo el cual se hallaba
sometido el pueblo de Dios, y la ruina del santuario de Dios. ¿Quieren ver
ustedes la ruina de este templo?
El
pecado es un reproche para cualquier pueblo que se aleja y olvida la Palabra de
Dios y sus promesas.
Aquí hay un ferviente pedido a Dios para que restaure a los judíos
cautivos sus privilegios anteriores.
Oh
Señor, escucha y obra. No sólo escuches y hables, sino que escucha y obra; haz por nosotros lo que nadie
más puede hacer; y no te tardes.
Aquí hay varios ruegos y argumentos para poner en vigencia las
peticiones. Hazlo por amor al Señor Jesús; Cristo es el Señor de todos. Y por
Él, Dios hace que su rostro brille sobre los pecadores cuando se arrepienten y
se vuelven a Él.
¿Cuántas veces el Señor le pide a su pueblo que se vuelva a Él?
Muchas veces, ¿Cuántas veces le ha dicho a usted que deje su propio camino
confiado en usted o el camino que le absorbe su vida y su
tiempo?
hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho
impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de
tus ordenanzas.
En
todas nuestras oraciones esta debe ser nuestra súplica, debemos mencionar su
justicia, la de su Unigénito. La oración de fe, confiada y humilde, debe ser
siempre la que nosotros entreguemos diariamente a nuestro
Señor.
Y veamos lo que dice más adelante éste pasaje verso
20Aún estaba hablando y orando, y
confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego
delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios; 21aún
estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel,b a
quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí
como a la hora del sacrificio de la tarde. 22Y me hizo entender, y
habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y
entendimiento. 23Al principio de tus ruegos fue dada la
orden,
Bendito nuestro Dios que responde de acuerdo a nuestra fe y
nuestra humillación delante de Él.
¿Será pues necesario que reconsideremos nuestra mayordomía en
cuanto a la oración y comunión? Quiera el Señor que esta Iglesia sea un fuerte
valuarte de fe y esperanza para todo su entorno y que cada uno de ustedes sea un
cristiano lleno de gratitud y de motivos de oración para con el
Señor.
La
gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes.
Amén.
Pastor Josué Magdiel Dávila García.
Iglesia Bautista el Calvario. 7/03/04
PIB 4/4/04