08-06-2004
Nadie en este mundo puede por méritos propios ascender al cielo, desde tiempos antiguos los hombres trataron de construir una torre que llegara al cielo.
Más adelante en el tiempo, los religiosos han tratado de subir al cielo autonombrándose santos y con ayuda de plegarias y sacrificios comletar lo necesario para esa ascención.
Todos se esfuerzan para ascender al cielo. ¿como lo lograrán? Y los sacó fuera hasta Bethania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo. Lucas 24:50,51
Todos nosotros en numerosas ocasiones hemos dado todo nuestro esfuerzo para lograr algo y así de esa manera avanzar en nuestra vida o trabajo escalando peldaños que las distintas políticas de trabajo imponen a quienes quieren progresar.
La sociedad, el mundo, están bombardeando diariamente a toda la gente con tener una mejor calidad de vida y llevan a todos los que pueden ser influenciados por estas ideas a tratar de conquistar alturas insospechadas, según ellos.
Cada uno de los que estamos aquí hemos estado ascendiendo en nuestra vida secular o de trabajo, y podemos ver que el progreso personal aunque a cuentagotas y a costa de muchos esfuerzos se va dando. Todos tratamos de ascender en cualquier campo que nos encontremos.
Recuerdo que cuando practicaba el alpinismo, todo el equipo, metíamos en nuestra mente la idea clara y precisa de conquistar la cima que tuviésemos enfrente.
Claro que no todo dependía de nosotros como alpinistas sino del clima, viento, etc. En pocas palabras, nuestra conquista de las cimas dependía completamente de la voluntad divina.
Nos costaba un gran esfuerzo físico emprender dicho ascenso y no siempre alcanzábamos la cumbre, por razones ya explicadas. Más o menos así es comparable el esfuerzo que se hace para ascender en esta vida que tenemos, muchas ganas, mucho empeño, mucha preparación y la cima parece cada día más distante.
Por esa razón muchos dejan de lado el esfuerzo y la esperanza de una mejor vida aquí en la tierra, muchos otros pierden su vida en el esfuerzo.
Hubo solo uno que habiendo trazado su meta, una vez lograda, alcanzó las alturas deseadas. El Señor Jesucristo dijo referente al afán allá en Mateo 6:34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal
Uno de los tesoros más grandes que tenemos los cristianos es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve pero se vio y fue atestiguado por muchos. Me refiero a la ascensión de nuestro Señor y Salvador Cristo Jesús.
En esta narración de Lucas nos deja una escena muy interesante, tan diferente de lo que la tradición y superstición habrían inventado y hablo de esto porque la iglesia “oficial” promulgo el edicto de la “asunción” de María.
Buscando información sobre esto encontré lo siguiente; en el diccionario católico de la biblia guadalupana dice así; Edicto: Verdad revelada por Dios y como tal propuesta por la Iglesia Universal para creencia de los fieles. La palabra es de origen griego y significa teóricamente “opinión, doctrina” y prácticamente “decisión, decreto, edicto, el término indica una doctrina revelada de origen divino, enseñada por la iglesia con la garantía de su infalibilidad.
Y a la “asunción” de María lo tienen como el “cuarto misterio glorioso” el cuál se define como: Doctrina de la iglesia que la santísima virgen, al término de su vida terrena, fue glorificada en cuerpo y alma en el cielo.
Y el diccionario aclara: ¿Cómo? se operó esta glorificación, no pertenece a la definición de fe, sino es aún materia de discusión entre los teólogos. Aunque bien se admite con casi certeza la muerte de la santísima virgen, sin embargo discrepan de la manera en que el alma se unió al cuerpo después de su muerte.
Y agrega el diccionario católico: Aunque este privilegio de la madre de dios no se encuentra explícitamente en las Sagradas Escrituras, …fue siempre creencia tradicional de la iglesia desde la época apostólica, enseñada por los santos padres y doctores, como tal tenida por el magisterio ordinario y solemnemente definida como dogma de fe el 1° de noviembre de 1950 por su santidad el papa Pío XII.
Grandes discusiones se llevaron a cabo por esta tradición pero el decreto acabó con las discusiones … la asunción de la santísima virgen queda fuera de toda discusión.
Si hubo grandes discusiones de cómo el espíritu entró otra vez a su cuerpo es porque todos sabían y tenían las pruebas indubitables de que María había muerto y fue sepultada.
Nadie dio testimonio de que hubiese resucitado, nadie la vio después de muerta, no existe testimonio de nadie que la haya visto en su asunción.
En contraparte; A Jesús, su muerte muchos la atestiguaron y en su resurrección primeramente fue visto por los guardas de la tumba, después por María Magdalena, después por los discípulos y por último una multitud que lo siguió hasta el punto de su ascensión.
En esto, sí que no hay absolutamente nada que discutir ni que aclarar, cientos de testigos que lo vieron resucitado y muchos más que lo vieron ascender al cielo en una nube.
Una ascensión quieta y calmada; no aparece ningún carruaje con caballos de fuego ni ningún torbellino, como Elías, tampoco se fue caminando como Enoc.
Ascendió de una manera majestuosa; no se abren los cielos ni se dejan ver ángeles, hasta que Él está fuera ya de la vista de los discípulos, y es el propio poder divino lo que produce esta simplicidad.
Se despidió solemnemente de sus discípulos. Había de llevar a cabo su obra en ambos mundos, el de aquí la cuál consistió en la redención de los hombres y en el cielo; intercediendo por los mismos y sentado a la diestra del Padre.
¿Desde donde ascendió? Desde el monte de los olivos como lo dice en Hechos 1:12 que está cercano a Bethania.
Allí estaba el huerto en donde sufrió su agonía y comenzaron sus padecimientos, además Bethania en hebreo significa casa de gemido.
Nuestro texto dice: los sacó fuera. Como dije; los discípulos no le vieron salir del sepulcro porque la resurrección solamente podía probarse mediante la evidencia de verlo vivo después de su muerte, pero le vieron ascender a los cielos, porque de otra manera, no podrían dar testimonio de su ascensión.
¿De que forma partió de ellos? Dice nuestro texto: y alzando sus manos, los bendijo. ¡Qué maravillosa bendición!
Esa bendición estaba llena de autoridad. Les bendijo en el momento en que su Padre le reconocía recibiéndole en el cielo después de haber concluido toda la obra redentora.
Y ésta bendición es tan plena como si Él vaciara sus manos sobre ellos y continúa diciendo el texto: Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo.
La bendición fue para los que quedaban debajo y más allá de su misma voz, derramando bendición sobre todos los que le reconocen y aceptan como Señor y Salvador.
Levantando sus manos traspasadas les bendijo, en la cruz había comprado bendición perpetua para todos sus redimidos.
No se marcho a escondidas ni a vista de uno o dos, fue a vista de muchos, no se fue enfadado o resentido porque los discípulos lo dejaron y huyeron a esconderse mientras lo apresaban. Sino que, como dice Juan 13:1 Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Se aparto de ellos dándoles a entender que su partida no ponía fin a sus bendiciones. Comenzó a bendecir estando en la tierra y siguió bendiciéndoles hasta su entrada al cielo. Cumpliendo su promesa de “estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.”
Que maravillosa promesa la cuál se cumple al pie de la letra puesto que los redimidos gozamos diariamente su presencia.
Y esas manos que fueron traspasadas y horadadas y que estaban derramando bendición; ahora están sosteniendo un cetro como las manos omnipotentes que son.
Y ese cetro es de providencia en todos los asuntos grandes y pequeños que sus redimidos pudiesen tener.
Es el cetro de bendición por medio de le fe en el a través de la gracia redentora del Padre para a todos aquellos que obedezcan a su palabra.
Es también el cetro del juicio futuro y del reino eterno en el cuál tienen entrada todos los redimidos por su sangre.
Porque en ese juicio como lo dice en Apocalipsis 20: 11-15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.
Así que después que resucitó, dio testimonio de su resurrección y ante una nube de testigos los cuáles dejaron testimonio escrito, ascendió a los cielos no sin antes derramar bendición sobreabundante.
Ningún decreto ni dogma lo impone, solamente el testimonio veraz, ocular y físico de los apóstoles y de muchos más.
Y ésta ascensión de Jesús está fuera de toda interrogante. Jesús resucitó y ascendió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre y como dice el apóstol Pedro en su primera carta cap. 3:22 quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades. [Otros textos] (Hechos 1:9, Ef. 4:8, Hebreos 4:14, 9:24.)
Así que no hay nadie más aparte de Jesús quien vino a este mundo a entregar su vida en expiación por los pecados de los seres humanos nadie más ha ascendido al cielo por merito propio.
El obedeció al Padre en todo lo que le mandó hacer aquí en la tierra, no vino como hijo humano sino como Hijo de Dios y salvador del mundo.
Y así como lo dice en Colosenses 1:15-18 El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;
Y todos los que le hemos aceptado como nuestro Señor y Salvador un día después de que muramos, resucitaremos para vida eterna y quienes no hayan creído en Él como lo que es Dios y Salvador resucitaran para condenación eterna.
Por tanto si en algo tenemos que esforzarnos es en nuestra vida cristiana haciendo la voluntad de Él y agradando al Señor con todo nuestro ser. Y ascenderemos por gracia, a las alturas celestiales.
Y los sacó fuera hasta Bethania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos nosotros. Amén.
Pastor Josué M. Dávila García. |